El paso del tiempo es una condición que puede enfrentarse con actitud y la capacidad de dejarnos cautivar por el mundo que nos rodea.
La juventud es una de las etapas más enriquecedoras de la vida de cualquier persona. Es el momento destinado a descubrir el mundo que nos rodea,aprender su funcionamiento y el papel que jugamos nosotros en él. Además, es el momento en el que más energía tenemos para enfrentarnos a losdiferentes obstáculos que se nos presentan a lo largo del mismo.

Estos aires renovados también se reflejan en el propio aspecto de los elementos, siendo factores como la belleza uno de sus máximos exponentes. Sin embargo, con el paso del tiempo, parece ser una cualidad que los humanos vamos perdiendo, lo que será señal de la ubicación en la que noslocalizamos en nuestra vida.
Sobre ello han conversado diferentes figuras relevantes de la historia que se consideraban expertas en sus diferentes campos. En el caso de la literatura, uno de ellos es Franz Kafka, que dejó como legado una de las frases más demoledoras al respecto de este asunto. “La juventud es feliz porque tiene la capacidad de ver la belleza.Quien conserva la capacidad de ver la belleza nunca envejece”, declaró el autor.
Apreciar lo bello del mundo
Dichas palabras son extraídas del libro de Gustav Janouch en el que recopilaba varias de sus conversaciones con su colega checo. En ellas, el artífice de obras tan relevantes como La metamorfosis enlazaba el concepto de la juventud al de la belleza de manera intrínseca, algo que iba más allá del aspecto físico o la apariencia del individuo.
Kafka se refería más bien a la capacidad humana de percibir la belleza a su alrededor. A prestar atención a su entorno para entender lo que lo hacía bello y atractivo. Y es que la belleza no es algo que se detecte únicamente con la vista, sino que los cinco sentidos están a disposición de cualquier ser humano para dejarse cautivar por el mundo que habita.
La capacidad de ilusionarnos o de mostrar curiosidad acerca de diferentes elementos es precisamente lo que nos mantiene jóvenes ante el irremediable paso del tiempo. Por el contrario, la pérdida de esa habilidad es lo que progresivamente nos hará envejecer como individuos en un momento y lugar en el que ya nada nos sorprende.